Pregón Mª Inmaculada (Maneje) 2003

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 Por JUAN GOPAR

 Juan Gopar

Buenas noches, señoras y señores:

Lamento no poder estar hoy en la isla en el inicio de las fiestas de este barrio de Maneje. Ustedes estarán habituados a escuchar a otros pregoneros con un conocimiento mayor de las circunstancias de creación e historia de los barrios que el que escribe estas breves notas. El objetivo del pregón consiste en dar inicio e invitar a la participación de los vecinos a las fiestas de su barrio.

Pero en mi caso puede que estas palabras les resulten un tanto desconcertantes, pues no vaya hablar del pasado, ni siquiera del futuro. Decía alguien que todo lo que es importante está sucediendo en este preciso momento. Esta es la idea a la que he intentado aproximarme para poder hablar esta noche con ustedes, vecinos del barrio de Maneje, ciudadanos de Arrecife.

A finales de los años 90, algunos de los que están aquí presentes lo recordarán, comencé, en compañía de los presidentes de las asociaciones de vecinos de los cinco barrios que rodean las Maretas, un periplo de reuniones y encuentros que me llevó a conocer y entender mejor la situación en la que se desarrollan sus vidas. Mi trabajo consistía entonces en actuar como mediador entre el Cabildo, los vecinos y los técnicos que trabajaban en el Proyecto Maretas. Tenía que trasladar las demandas de los habitantes del barrio, sus inquietudes, sus dudas, sus miedos, para que pudieran ser integrados espacial y funcionalmente en la ciudad y para que el proyecto se ajustara a la realidad de los barrios.

El pasado año, coincidiendo con el final de la legislatura del anterior equipo de gobierno del Cabildo, terminó mi trabajo como mediador. Pero he seguido con mucha atención y preocupación el transcurso de los acontecimientos que se han sucedido los últimos años.

Yo nací en un barrio que entonces era como éste, un lugar donde se acababa la ciudad. El Charco, Valterra, las salinas de Puerto Naos, eran la espalda de la ciudad, si se podía llamar ciudad al Arrecife de mi infancia allá por los años 60. Desde entonces amo aquellos solares donde acaban las ciudades y quizás también sea por eso por lo que me gustaría que estas fiestas fueran las de los niños, de los vecinos, de la democracia, una fiestas que celebren los nuevos derechos de la ciudadanía. De estos derechos es de lo que les he hablado en esos años cuando colaborábamos en un proyecto común, un proyecto que buscaba la cohesión de los distintos barrios de esta ciudad y la calidad del espacio público. Intentábamos entre todos construir una ciudad más bella, ecológica e igualitaria, una ciudad abierta donde el arte, la arquitectura y el paisaje pudieran remover y satisfacer el espíritu humano.

Era necesario entonces, y creo que lo es más ahora, que los vecinos se manifiesten unidos para reivindicar aquellas cuestiones que tienen en común. Sabemos que la vida en los barrios es diferente que en el centro histórico de la ciudad, porque es en la periferia donde la ciudad abandona a sus hijos a una soledad que le cuesta reclamar como suya.

Quiero pensar que las fiestas de Maneje en este mes de noviembre del 2003 serán:

Las fiestas del derecho al lugar.

Porque la gente tiene derecho a mantener su residencia en el lugar donde tiene sus relaciones sociales, en su lugar de todos los días, donde está su familia, sus amigos, su supermercado, su partida de cartas o de bolas, donde crecen sus hijos.

Las fiestas del derecho al espacio público y la monumentalidad.

Porque es necesario dotar a los lugares, como este barrio de Maneje, de significado y de calidad urbana, para que las parejas caminen de la mano, los niños jueguen en los parques bajo los árboles y los ancianos se sienten al sol de la tarde para que cuando llegue la noche y se enciendan las luces las aceras sean una prolongación de sus casas.

Las fiestas del derecho a la identidad colectiva dentro de la ciudad.

Porque la organización interna del espacio urbano, de la ciudad, debe facilitar la cohesión sociocultural de las comunidades, para que todos sean bienvenidos a estas fiestas, que no importe la condición social, la cultura y su lugar de procedencia, que todos tengan un hueco en el baile de Maneje.

Las fiestas del derecho a la belleza.

Porque el lujo del espacio publico, de las calles, de las plazas, no debe ser sólo privilegio de unos pocos. Cada parte de la ciudad y Maneje es una parte más de Arrecife, debe tener su atractivo para las otras.

Las fiestas del derecho a la centralidad.

Porque todas las áreas de Arrecife deben poseer lugares con valor de centralidad, si de verdad todos somos iguales, que Maneje sea durante estas fiestas el centro de la ciudad y cuando las fiestas acaben, que sus vecinos sigan sintiéndose centro, porque uno es el lugar que habita y debemos estar orgullosos de cómo somos.

Las fiestas del derecho a la innovación política.

Porque los gobiernos locales y regionales deben recoger las demandas sociales que hagan los vecinos para innovar en cuanto a sistemas electorales, mecanismos de participación, instrumentos de planeamiento y de gestión. Lo que se está pidiendo con este derecho es que los vecinos podamos hablar y ser escuchados.

Las fiestas del derecho a la calidad del medioambiente. Porque la calidad de vida integral, la calidad del agua, la calidad del aire que respiramos, la calidad del mobiliario urbano, debemos preservarla para las generaciones futuras y defendernos de aquellas agresiones que amenacen la calidad de nuestro entorno con contaminaciones, suciedad o fealdad.

Las fiestas del derecho a la diferencia, a la intimidad y a la elección de los vínculos personales.

Porque nadie debe sufrir discriminación según sus creencias, sus hábitos culturales o sus orientaciones sexuales, siempre y cuando se respeten los derechos básicos de las personas con las que se relacionen.

Estos son algunos de los derechos que ya me han oído revindicar en aquellas inolvidables reuniones con algunos de ustedes, pero hoy me gustaría no aburrirlos como entonces y desearles que celebren su nueva condición de ciudadanos. Celebren su espacio de cada día, ese que a veces tenemos tan cerca que llega a hacerse invisible. Éste es mi deseo, que estas fiestas sean no sólo las fiestas del barrio sino las de la ciudad, las de todos los ciudadanos y de la democracia, que sean las fiestas de la esperanza.

Felices Fiestas de Nuestra Señora de la Medalla de la Milagrosa.

Juan Gopar

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