Pregón de Ntra.Sra. del Carmen (Valterra) 1963

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 POR  RAFAEL ÁNGEL DOMÍNGUEZ

Rafael Angel Dominguez

Fuente: ANTENA 30-07-63

«En los barcos verdes de velas blancas llegan los marineros de la mar. Vienen atezados por las brisas, híspidos, cansados, llenos de sal y garúa.

Tras seis meses en la costa, empapados de mar y tiznados de Luna, hacen tu ofrenda a la Virgen marinera, a esa Virgen que en noches cuajadas de estrellas, ha lanzado la red de su corazón para hacer una gigantesca zafra de oraciones dichas por estos marineros de Lanzarote. Aquí, a los pies de su trono, se va a extender una variada gama de productos del mar.

Son las corvinas, los tollos, las jareas y el tazarte; son las nasas, los chinchorros, las gelderas y las liñas; es el arte, son las calas, son las boyas, manganilla y el jamo. Ante la Virgen viene el mar, quien se tiende frente a ella oliendo a yodos, a brea y a escamas palpitantes, ofrendado en sacrificio incruento par los marineros de la isla. Pero no es solo el mar quien rinde homenaje a la Virgen marinera. Es el campo de Lanzarote quien su vuelca junto a ella. El campesino de nuestras tierras sabe, mucho de mar. Donde quiera que tienda la vista contempla el anillo azul que lo rodea, pero es junto a él, en los secos campos de la isla, donde lucha con un mar de olas petrificadas en inverosímiles posturas. Las tormentas lávicas, plasmadas en un océano negro, ofrecen las navecillas de las casas blancas encaramadas en fragorosas cresterías, y el hombre, tras el camello con sus gibas, montes ambulantes en paisajes llanos, ara las tierras sedientas de Lanzarote. Y surgen los frutos y brotan las flores en milagrosa simbiosis de sol y de tierra.

Esos frutos y esas flores que los campesinos marineros de nuestras tierras brindan hoy a la Virgen del Carmen. Señora: Aquí estamos los hombres, las mujeres, los niños y las niñas de la isla. Lanzarote, en fin. Te ofrecemos los productos de la tierra y el mar que son base de nuestro sustento, pero queremos también darte el claro testimonio de nuestra entrega total, la cual se plasma en una fervorosa oración que ahora, en estos momentos, musitan todos los labios silenciosamente.

Señora: te pedimos paz y que hagamos nuestra la frase de tu Divino Hijo: «Amaos los unos a los otros». Así sea »

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