Pregón de Ntra.Sra. del Carmen (Valterra) 2003

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 POR  Mª LUZ MOYA MORENO

 Agradecimiento a Manolo.

La llegada de mi familia a Valterra, se produce allá por el año 1971, cuando el cura del barrio era D. Antonio, las misas se celebraban en la antigua casa del Mar, que más tarde fue la clínica Ntra. Sra. de Los Volcanes y actualmente es el centro de salud de Valterra.

Recuerdo la confirmación de los jóvenes del barrio en el año 74, siendo ya por aquel entonces cura del barrio D. Pedro, esta confirmación se celebró en el parque, aunque sería más correcto decir los parquitos, ya que eran cinco rotondas con sus bancos y sus árboles. También el quiosco que había donde más tarde se construyeran las ochenta viviendas.

De D. Pedro, recuerdo algunas cosas, que unió a los jóvenes del barrio en torno a la parroquia, cuando presentó los planos de la iglesia y le dije que debía añadirle una rampa o yo no iría a misa, y cuando nos enseñó por primera vez la imagen de la Virgen, empezamos a sacarle fallos y debieron de ser ciertos, pues con el tiempo se mandó restaurar, también la rampa se hizo y debemos estar orgullosos de que fuera la primera iglesia de la adaptación para personas con discapacidad.

Por aquella época, se convocaba a la asociación de vecinos y los club de fútbol para que entre todos organizáramos las fiestas. Se repartían las áreas, pero todos colaborábamos, se hacían cartas para las empresas y los vecinos para que colaboraran con algún donativo, pues el dinero que recibíamos de las instituciones no era demasiado.

Eran días en los que no parábamos, hacíamos banderas de tela, de papel, para engalanar el barrio y los barcos que acompañarían a la Virgen, que hasta que llegó la nuestra, era la de San Ginés, la que se pasaba una semana en nuestro barrio, íbamos a buscarla, la embarcábamos y llegaba al barrio donde durante una semana recibía los homenajes de los vecinos, se hacían altares por las calles donde pasaba, se le cantaba y se le recitaban poesías, también hacíamos los banderines que después se regalaban en la entrega de trofeos.

Los juegos infantiles eran muy variados, el chocolate, la gincana, las sillas, los sacos, las cintas etc…, también actividades deportivas como fútbol, balonmano, baloncesto, viejas glorias, solteros y casados, y tenían una particularidad, todo se celebraba en el barrio, excepto las 24 horas que se celebraban en el Avendaño Porrúa o Ciudad Deportiva.

Las verbenas se celebraban al final del parque al igual que los festivales de la canción y tanto una como otro llegaron a ser de lo mejor de la isla, a pesar de que en muchos casos había que pagar aunque fuera para cubrir gastos.

Nuestros marineros hacían todo lo posible por estar en tierra el día de la embarcación de la Virgen y acompañar a su patrona.

Más tarde, las verbenas y los festivales se trasladaron junto a la PanAmericana, hasta que se terminó el centro sociocultural, el cual también fue el primero en ser adaptado para las personas con discapacidad.

Los jóvenes colaborábamos en muchas cosas en aquellos días, hasta pintábamos la iglesia por las noches, pero también nos llamaron a la policía más de una vez los vecinos, porque armábamos mucho escándalo en la puerta de la iglesia, eso sí, la culpa según parece la tenía D. Pedro y D. Francisco, los curas que lo consentían, pero esto cambió, llegó otro D. Francisco y paulatinamente los jóvenes nos fuimos separando de la parroquia e incluso muchos hasta de las fiestas, muchos de los antiguos miembros de las comisiones de fiestas ahora colaboran en las de otros barrios donde viven, pero no fue esto lo único que se perdió, también las fabricas se fueron cerrando, los festivales desaparecieron, los partidos de fútbol y las verbenas fueron decayendo, e incluso la Virgen casi no pasaba por el barrio, se fue perdiendo un poco de la identidad del barrio, aunque no todo era malo, ya que se introdujeron cosas nuevas que han dado también su resultado.

Por suerte para todos, algo no ha desaparecido a pesar de todo y es la devoción de nuestro barrio por nuestra patrona, pues aunque muchos no vivimos ya en él, siempre estamos aquí el día de su embarcación y el día de su procesión terrestre y en muchas ocasiones se nos saltan las lágrimas cuando recordamos tiempos pasados, que no sé si fueron mejores, pero sí sé que a muchos de nosotros nos marcó profundamente y que nos gustaría que se volvieran a recuperar.

No quiero terminar sin recordar a aquellos que ya no están con nosotros y que quizás para el barrio no fueran demasiado importantes, pero eran miembros de la pandilla de la iglesia, me refiero a Begoña y a Nino. También como no a Jaime, el primer presidente de la Asociación de vecinos.

Sólo me resta desearles a todos unas felices fiestas del Carmen y decirles, que nuestra identidad no nos la quitan, la perdemos al dejar que se pierda nuestras tradiciones.

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