Concurso Pregones de San Ginés 1959

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LAS ISLAS PALPITAN

He leído el llamamiento que hace el Excmo. Ayuntamiento de Arrecife a quienes lo quieran interpretar. Conociendo, también, la cuantía del premio para el artículo que resulte galardonado en el concurso convocado. Y hemos de confesar paladinamente que no escribimos imbuidos de un afán de lucro.

Lo hacemos, y ponemos a Dios por testigos, en aras de la amistad, de la nobleza, de la hidalguía. Que es de bien nacidos el agradecimiento. Y yo, aunque en límpidos pañales, vino al mundo en un hogar modesto pero honesto. Que a quien nos dio el ser oímos más de una vez alardear de su amor a los hijos y de su legítima ambición de que fueran personas de bien. Nosotros no sabemos si lo somos. Modestamente nos consideramos personas dignas que vivimos de nuestros desvelos y de nuestras actividades.

Somos agradecidos. Y veamos por qué, ya que el Excmo. Ayuntamiento de Arrecife nos brinda la oportunidad de exteriorizarlo. Hace algunos años, muy pocos, creemos que tres, fuimos a Lanzarote. Nos llevaba una misión encomendada para unos reportajes relacionados con la Montaña del Fuego, el Jameo del Agua y otras circunstancias que interesaba a un diario de Madrid. Hicimos el viaje en unos de los clásicos correillos, recibiendo del gallardo capitán las atenciones que no creímos merecer. Esto predispuso nuestro ánimo. La llegada a Arrecife vislumbraba risueña y florida. Y asió fue. Nos esperaban varios amigos. Oriundos de la isla todos. Conocidos en Las Palmas. Y nos unen a ellos lazos de frutos normal amistad. La nobleza encuentra fácil acomodo en el pecho de los hombres dignos. Y los de Lanzarote lo son.

Cumplimos la misión que nos llevó a visitar la isla. Y la cumplimos holgadamente porque colaboraron con nosotros los viejos amigos. Nos llevaron a todas partes. Colmaron nuestras ambiciones. Estábamos, en presencia de tanta grandeza de alma, cohibidos. No porque no supiéramos corresponder, sino porque las atenciones recibidas superaban con creces cuanto podíamos imaginar. Y decimos todos esto no para halagar a nada ni nadie. Desechamos todo favor. Y no tratamos de buscar el aplauso de la galería. Nosotros somos así de sinceros. Queremos dejar constancia de lo embarga nuestra alma. Por eso al indicar el artículo decimos que somos agradecidos. Y nos enorgullecemos de tal cualidad. De ahí que ahora, al leer la convocatoria del Ayuntamiento de Arrecife hayamos querido corresponder a tal invitación y pretendamos pergeñar un artículo que pueda ser del agrado de quienes lo leyeren. No lleva más finalidad que tratar de ir amortizando una deuda de gentileza y gallardía que tenemos pendiente con algunos dignos hijos de la singular y bella isla de Lanzazote.

Ha llegado, pues, el momento, de nuestra aportación. Y decidimos escribir algo que pueda halagar a la gente de la isla de la Montaña del Fuego. No nos guía un afán servil. Y si alguien lo vé así, pero para el, que nosotros estamos lejos de tal actitud. Queremos escribir algo en relación con las fiestas de Arrecife y lo que significan estas en el ámbito insular. Que las fiestas de San Ginés tienen la virtud de despertar en la gente el fraternal deseo de convivir, de hermanar, de sentirse seres humanos en apretado haz. Nadie puede concebir lo que significa el aislamiento. Vivir distante del amor de otros hombres, de la alegría de otros seres, del calor de gentes que sabemos nos aprecian y nos brindan amistad. Y las fiestas de Arrecife de Lanzarote fundan la capital de la isla los corazones de todos los isleños de fuera y dentro de la periferia. De todas las localidades del interior de la isla acuden a la fiesta de San Ginés. Lo hacen bajo el doble denominador de alegría e interés. Un interés y un deseo mercantilista humano y honesto. Son gentes que llevarán a la feria sus productos, su ganado, sus dulces, sus trabajos, adornados con el deseo de una legítima ganancia que hacie les regatea. Y vivir cerca del bullicio, es decir, en el corazón del buliccio, de la alagarabía, del ruido, de la luz, de las risas y de los gritos infantiles, que son como la risa de Dios.

En las fiestas de San Ginés la gente acude a la capital para resarcirse cautivero forzoso de los meses y meses que no acuden a la capital. Trabajo almegadamente en espera del anuncio de las fiestas. Y desgranan la ilusión como los soldados en vísperas de licenciamiento. Hasta que llega el momento preparar los bártulos y desplazarse a la capital. Parece que Arrecife esta cerca. La imaginación del labriego, del artesano, del ganadero, vuela en par de una quimera que ha de traducirse en realidad. Son varios días de jolgorio de expansión, de negocio, si se quiere. Que la vida dura del resto del año, los concentra en el campos viviendo con la Naturaleza, contando las estrellas y acercándose a Dios con el alma preñada de buenas y sanas intenciones que el campesino lanzaroteño es el ser más noble y más bueno que hemos tratado Y lo decimos con legitimo orgullo de españoles, que Arrecife de Lanzarote es un pedazo de España escondido entre la bruma del mar, a muchas millas de la geografía patria. Pero si una cinta pudiese medir la distancia espiritual entre un pecho lanzaroteño y el corazón vendría a la secuencia de que no existen distancias. Que el isleño de Arrecife lleva a España en lo más hondo de su ser. Y hemos oído esas manifestaciones de gentes sencillas que no saben lo que es mentir ni conocen la hipocresía. Nos dijeron lo que sentían y la verdad es que saben sentir muy hondo. Aquellas verdades nos conmovieron. Y nos alegraron. Que siempre es confortador conocer a seres honrados, buenos, noble. Que en las frases oídas no había doblez, que ello no conocen. De ahí que nos conmovieran y los cautivaran. Las fiestas de San Ginés han rememorado en nosotros el deseo de una exteriorización que nos pusiera a tono con la deuda contraída. Que cuando se oyen frases del calibre las escuchamos por nosotros, el alma se dilata y el corazón recibe los efluce de una bondad sin límites, de que tan necesaria está la Humanidad.

Al leer la convocatoria pensamos que puede suponerse que lo hacemos imbolo por el premio. No. es que recordamos una promesa. Nos aguijonea el alma por atender a quienes nos atendieron y nos sirvieron con gentileza y donaire. Por tener más obligaciones que la que dimana de una amistad, que no obliga sino cumplir con los deberes de educación y correspondencia. Pero la convocatoria nos ha cautivado. Nos ha encendido las luces del intelecto para obligarnos cumplir con el deber. Un deber que dejábamos de un año para otro. Y no nos avergüenza confesarlo. Porque aunque tarde lo hacemos hoy, dejando saldada nuestra cuenta afectiva y de fraternal amistad.

Sabemos que la gente de todas las islas y que pueda hacerlo se desplazarse a Arrecife de Lanzarote con ánimos de una diversión honesta. Deudos y amigos se darán cita en cualquier casa de la capital, que allí los hogares, durante los días de fiesta, son como hoteles gratuitos donde el forastero encuentra el calor humano y el convite apropiado. Fiestas de San Ginés que llenan un cometido fraterno y han de servir de ejemplo a otras comarcas y a otros lugares. Que estas fiestas no son como otras donde la gente busca el esparcimiento violento y la aventura propicia. Las fiestas de San Ginés llevan en si sello característico de una gentileza y de una hidalguía que no cabe adquirirla en ningún puesto de ninguna feria. Son cualidades innatas que hacen con el ser y lo dominan, lo sujetan y lo frenan para que en todo momento se puede establecer paragon. Y en las fiestas de San Ginés bullirá el contento, habrá derroche de luz, de color y alegría. Alegría sana, ingenua. Alegría que nace del alma isleña no contaminada por las corrientes materialistas que pululan por un mundo atormentado que no sabe reír con esa franqueza y esa espontaneidad con que lo hace el hombre de Arrecife en sus días de fiestas. Fiesta mayor que congrega a la gente en busca de locuaz y esparcimiento.

Yo procuro cumplir con mi deber. Tengo que pulsar mi lira y lanzar a cuatro vientos de la geografía isleña mi leal sentir. Y procuro que las notas sean armoniosas. Notas que se reflejan en el pentagrama de mi alma, que en estos momentos mira hacia Lanzarote y lo ve envuelto en luz y alegría, puesto a festejar una fecha ansiada y esperada todo el año por los labriento artesanos y gentes de buen vivir. Y al llegar esta época, la gente rejuvese su alma y deja aflojar a su labios la sonrisa optimista de la felicidad. Para algunos seres la felicidad es bien poco. Un poco de alegría, un poco de risa, un poco de amistad.

Las Fiestas de San Ginés congregarán en torno al viejo Santo a los hombres de buena voluntad. Dios, dueño y señor de todo el Universo, distribuirá de singular equidad las primicias de su bondad para esparcirlas a los cuatro vientos en esa isla fuerte y brava denominada Lanzarote. Que si el Archipiélago canario está integrado por sietes rocas macizas, con alma candente y Arrecife de Lanzarote, capital de la isla, sabe gobernar, con un norte fin los destinos de aquel pedazo de tierra fértil a fuerza de trabajo y de absorción. Que Santa Ginés se ha manifestado pródigo en venturas y ha orientado labradores canarios de la isla de Lanzarote a preparar los enarenados, trabajo inteligentísimo que dice del deseo de supervivencia de una raza no gastada los vaivenes del Mundo. Que si aquellos hombres y aquellas mujeres viven al lados y encerrados a la concha de su terreno, nada debe añorar, que en los grandes núcleos de población existen, si, más centros de diversión, más estos que aparentemente alegran la vida del hombre, pero que a no muy largo plaza son desechados por las almas privilegiadas que saben lo que es la Veda de la Vida, sin que esto pretenda pulsarse en la lira de una trasnochada vida.

Las fiestas de San Ginés, en Arrecife de Lanzarote, congregarán a muchas gentes de todas las islas -incluso a nosotros, ¿por qué nó?. Y allí procurarse dejar lo mejor que poseamos para que esté en relación directa con lo que aquella gente de Lanzarote nos ha de brindar. Estas fiestas bulliciosas y alegres de San Ginés, únicas en todo el año, harán afluir al Puerto de Naos embarcaciones empavesadas que llevarán en sus entrañas gentes sencillas, modestas, nobles, y buenas que quiere convivir y alegrarse en un ambiente propicio exteriorización de las grandezas del alma, que todo ser humano lleva escondidas en el arcano de su psiquis y que deja en libertad cuando se encuentra el momento propicio. Y un momento propicio en la vida del hombre son las fiestas de San Ginés de Arrecife de Lanzarote.

Conste que dejó, al existir estas espontáneas manifestaciones, en libertad absoluta a mi mente. No hay cortapisas. Sí una fuerza de hombre bueno que ponde a otras bondades. No importa la suspicacia. Estamos de vuelta de tanta cobardía. Nosotros hablamos poniendo nuestro corazón en la mano. Y es él que dicta nuestra mente y obliga a esas exteriorizaciones que nosotros dejamos de darlas. Son como aves que buscan la libertad y la encuentran en el corazón de otros seres buenos e inteligentes que conocen de los elevados sentimientos. Los hombres y las mujeres de Lanzarote son buenos. Pues a esa bondad y a la gentileza se dedican estas frases después que hayan aureolado la vorable de San Ginés, ante quienes se postran todos los lanzaroteños en esta jubilosas fiestas de agosto de 1.959.

Ya estamos oyendo las músicas, los ruidos y los cohetes anunciadores de las fiestas de San Ginés y columbramos la romería en todos los corazones de la gente del pueblo, que sabe calibrar la verdad y la honradez de intenciones.

Fiestas de San Ginés, fiestas sencillas, nobles, de recogimiento del espíritu. Y no cabe paradoja en la expresión. Que el recogimiento del espíritu, la grandeza del alza, la alegría de todo nuestro ser, invadidos por una fuerza superior a nuestra voluntad que nos impele al bien y a considerarnos buenos. Que estas horas de asueto y alegría que nos proporcionan las fiestas San Ginés llevan a nuestra alma el bálsamo de la felicidad.

Que el hombre necesita de la cosa materna. Tiene alma, posee corazón y de dejar que estos hablen y ordenen, que lo harán con pleno y absoluto conocimiento de causa.

Fiestas de San Ginés, momentos bulliciosos y alegres en que se funden las almas y los corazones se ensanchan en pos de la amistad, de la hermandad, bien común.

Fiestas de San Ginés, que funde y confunden en alma isleña en apretado.

Fiestas de San Ginés, que obligan a la fraternal amistad.

Fiestas de San Ginés, que provocan la alegría y la expansión en una red del planeta en que existen hombres de buena voluntad y de elevados y nobles sentimientos.

Fiestas de San Ginés, que obligan al alma a exteriorizaciones sublimas que nos acercan a Dios.

Y Fiestas de San Ginés, que llevas la alegría y el jolgorio a sencillos rincones que anhelan estos minutos, estas horas de fraternal convivencia.

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