Pregón de San Ginés 2020

 

 

POR  BENJAMÍN NIEVES DELGADO

Señora Alcaldesa de Arrecife, estimado Concejal de Festejos, señores y señoras concejales, excelentísimas autoridades, amigas y amigos.

El destino y José Alfredo Mendoza, mi convecino en Altavista, han querido que sea un servidor quien de lectura al pregón de unas fiestas de San Ginés que este año no se van a celebrar por razones de todos conocidas.

Me costó un poco entender lo que me estaba pidiendo, porque, si no hay fiestas, tampoco tiene mucho sentido glosar la figura de San Ginés de Clermont, el Obispo santo que vino de Francia para convertirse en patrón de Arrecife; ni repasar la historia de la iglesia, su plaza o la parroquia, ni recordar las inolvidables vivencias infantiles de unas fiestas que este año han sido suspendidas.

Un poco raro todo, pero no pude evitar que enseguida me viniera a la mente que con solo cinco años llegué a Arrecife con mi familia desde Guatiza, y que mi primer recuerdo de las fiestas fue asistir al espectáculo de títeres de Chopito y Chaporro subido en el muro junto a la chatarra de César Manrique, en el parque Islas Canarias, una escultura que ya de mayor supe que se llamaba Barlovento. También recuerdo las regatas de jolateros en el Charco de San Ginés, los gigantes y cabezudos por las calles de Arrecife, pasar por la feria y disfrutar con los cochitos chocones.

Eran unos años en que llenábamos las ilusiones de una semana entera con ir al cine y, a la salida deleitarnos con un dulce y un vaso de Clipper en la dulcería La Salud, más o menos en eso consistía la felicidad.

El caso es que como este año no hay fiestas, mejor lo dejamos todo para el que viene, incluyendo la elección de otra persona que lea un pregón normal para unas fiestas normales. Porque eso es lo todos deseamos, volver a nuestras vidas y también a nuestras fiestas.

Pero, para vernos el año que viene en San Ginés tengo que decir que si te cuidas tú, nos cuidas a todos, porque todos los días necesitamos realizar muchos gestos que salvan vidas. Gestos pequeños que no cuestan trabajo, pero que salvan vidas.

Tenemos que cuidarnos y tenemos que cuidar a los demás mediante la prevención. Esto es lo que tenemos que hacer para vernos el año que viene en San Ginés y para poder disfrutar de las fiestas patronales de la ciudad, prevenir, prevenir y prevenir.

A unos les resultará más fácil que a otros, pero tenemos que hacerlo.

No pretendo que de la noche a la mañana los más de 63.000 vecinos de Arrecife incorporen sus vidas cotidianas la entrega y dedicación a los demás que algunos, como es mi caso, llevamos ejercitando desde niños. N i que se comporten con el espíritu de servicio adquirido por quienes, como yo, empezamos muy pronto, con 12 años, en Cruz Roja Juventud.

No se trata de eso, pero casi.

Desde que estalló la pandemia y nos quedamos confinados en nuestras casas, centenares de voluntarios y profesionales se han volcado en esta isla para garantizar la salud pública y el funcionamiento básico de las cosas para la vida de los demás.

Por eso, quiero reconocer aquí la dedicación y la entrega del personal médico y sanitario, personal no sanitario, hombres y mujeres de Cruz roja, Protección Civil y Emerlan, efectivos del Consorcio de Seguridad y Emergencias, Policías Locales, Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, Unidad Militar de emergencias, Bomberos, Cáritas y Calor y Café, Cajeras de Supermercados, Operarios de Limpieza, Funcionarios, Trabajadores de Gasolineras, Taxistas, Peluqueros, Dentistas, Farmacéuticos, Militares, Asociaciones y Colectivos de Voluntarios, Empresarios, Periodistas… Quiero reconocer aquí la dedicación de todos y todas.

También de las personas anónimas que nos paraban por la calle cuando no había nadie en las calles ni en las carreteras para hacernos entrega de un paquete de guantes o de mascarillas en los primeros días de desconcierto y de penurias, o una señora que nos llamaba por teléfono para que por favor pasáramos por su casa para recoger las mascarillas de tela que había confeccionado para protegernos, yo he visto mucha solidaridad.

He visto lo mejor que las personas llevan dentro durante estos últimos meses, con más fuerza y en más cantidad como no había visto en toda una vida entregada a las emergencias, a la primera asistencia, ni en todos los años que llevo dedicado a la formación y a la docencia en estas materias.

Es verdad que el coronavirus nos cogió sin estar preparados y nos desbordó, pero también es verdad que la gente ha estado a la altura, ha cumplido y está cumpliendo. También los jóvenes, muchos de los cuales ya estaban tocados por la crisis del 2008 y que ahora se han vistos limitados en sus ganas de vivir y en sus deseos de libertad porque tienen que cumplir con las medidas sanitarias.

Estamos viendo como se reclama a los jóvenes para que se comporten y tengan presentes a los mayores. Pero no lo tengo tan claro, porque, para mí que los jóvenes lo están haciendo bien, porque lo que yo veo es que es uno de los colectivos más preocupados y concienciados, un colectivo que quiere estar formado y que no para de preguntar.

Por eso, a la juventud no tengo que decirles nada distinto de los demás, si te cuidas tú, nos cuidas a todos.

Mientras tanto no me canso de enseñar e ponerse y quitarse una mascarilla como es debido para que se utilice siempre que sea necesario. También a lavarse bien las manos recordando que hay que hacerlo a fondo y con frecuencia. Y repetir y repetir que mantener la distancia física tiene que ser nuestro día a día, aunque nos cansemos de oírlo.

Ahora mismo, en septiembre tenemos la vuelta al cole y va a ser una prueba de fuego para los profesores y profesoras, el alumnado, el personal no docente y las madres y padres. En realidad va a ser una prueba de fuego para toda la sociedad, porque el coronavirus nos va a poner a prueba sin distinguir a unos de otros, razón de más para extremar las precauciones.

Les confieso que le tengo mucho respeto a la covid-19, pero me tranquiliza saber que aquí, en Lanzarote y La Graciosa, se está haciendo un trabajo extraordinario de prevención y control, y tengo confianza en que la ciencia nos va a ofrecer un remedio pronto.

Y, aunque los humanos somos seres de costumbres, y traemos muchas malas de pasado, como el individualismo y la falta de solidaridad, tampoco pierdo la esperanza de que de esta pandemia vaya a salir un mundo mejor.

Amigas y amigos, no quiero ser pesado, pero la prevención es una labor de todos, y previniendo nos desquitaremos de estas fiestas el año que viene sin que tengamos que echar de menos ni llorar a uno solo de nosotros

¡Cuídense!

Muchas Gracias.

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